Guru Yoga, la relación Maestro-discípulo

¿Te imaginas a Jesús, el hijo del Hombre, decirle a sus discípulos: "vamos chicos, a rezar unos padrenuestros", o a Buda: "ahora nos sentaremos tranquilamente en círculo, nos tomaremos de la mano, pondremos cara de felicidad infinita y con los ojos cerrados cantaremos 3 veces Om"? Yo, sinceramente no, no me lo imagino. Jesús, el hijo del Hombre, dijo en Mateo 16, 21-27: "El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue su cruz y me siga". Efectivamente, así es como me imagino a todos y cada unos de los Maestros y Maestras en la historia de este planeta.

Muchos discípulos creen que el Maestro existe para que les ponga la alfombra roja, de manera que puedan caminar con sus zapatitos de cristal. Se creen tan especiales que piensan que la espiritualidad debe ser gratis o que el Dalai Lama debe ir a salvarles hasta su casa. Otros, como Pedro el envidioso, se creen tan sabios que pretenden enseñarle al Maestro lo que debe o no debe hacer y con qué compañías compartir su vida. O, tan perfectos, que los juzgan sin piedad, sin ser conscientes de que es su espejo, por ejemplo Judas. "Pastorcillos de la edad media" decía mi amigo escritor y pintor Miguel Zorita.

Lo cierto es que si Jesús, el hijo del Hombre, o Buda caminaran por el Paseo de la Castellana de Madrid con sus ropas andrajosas, les apalearíamos, como se está poniendo de moda con los mendigos, hasta matarles. En cambio, si fueran con su Rolls Royce, vestidos de Armani, bien peinados y perfumados, nos bajaríamos las bragas, nos pondríamos a cuatro patas y cantaríamos a coro "queremos un hijo tuyo", como hacen las quinceañeras con Justin Bieber y las no tan quiceañeras con Manolo Escobar o Julio Iglesias.

Los buenos Maestros nunca irán tras de ti, ellos ya tienen claro su camino, por tanto, si quieres algo tendrás que ser tú quien les siga, les busque, renuncies a tu ego e insista si deseas que te acepten. Y por supuesto, nunca serás aceptado si el Maestro percibe que ya estás iluminado.

La evolución es un acto para valientes. La espiritualidad de los ositos amorosos ha demostrado que mantiene con abracitos y burbujitas de seguridad las mismas actitudes y emociones toxicas de siempre. Si no hay catarsis, no hay evolución, sólo evasión hacia los castillos de arena de la evasión. No se evoluciona imaginando lucecitas de colores sino haciendo consciente lo inconsciente, adentrandote en tus propios infiernos y saliendo victorioso, decía el Maestro Jung.

En contraste con la mayoría de las formas híbridas, superficiales y/o aparentes de Yoga enseñadas en occidente, el Yoga tradicional se caracteriza por una intensa relación Maestro-discípulo que se extiende incluso más allá de la muerte. El Guru, cuyo consejo o juicio es poderoso, es el eje de toda la estructura de iniciación del Yoga.

"Vida de Milarepa" es un libro que recomendamos para quien desee conocer el camino del discípulo. Milarepa (1052-1135) procedía del chamanismo Bön. Su maestro Marpa, un traductor sánscrito-tibetano, no se lo puso nada fácil, pero Milarepa pudo controlar su ego, seguir su guía y convertirse en el primer iluminado de Tíbet, siguiendo el camino Budista Vajrayana.

El Yoga tradicional se caracteriza por una intensa relación Maestro-discípul@. En la actualidad, todo gran hombre o mujer tiene un mentor que le ayuda a ascender en su trabajo y en la vida. La importancia del Guru radica en que ha realizado el sí-mismo-esencial. Tal realización supone un cambio de estado que de forma natural trasciende a los demás. El autorrealizado siempre transmite su condición original de liberación, lo cual es la auténtica naturaleza de todo lo que existe. Inicia a quien demuestra verdadero interés en la misma comprensión, aunque cada evolución tiene su ritmo, y nada debe de realizarse con prisa, pero tampoco con pausa.

Tradicionalmente, cuando una persona decide con seriedad seguir un camino espiritual, se acerca a un Maestro de Yoga con la esperanza de ser aceptado. Cuando el aspirante es admitido por el Maestro, puede ser sometido a pruebas, en repetidas ocasiones, para valorar su interés y su humildad. Existen prescripciones tradicionales para estas pruebas, aunque el Maestro, que puede ser un practicante avanzado o ya un adepto autorrealizado, no necesita ninguna guía para confirmar la seriedad de su discípulo en la vía espiritual. En compañía de un Maestro, el practicante está expuesto continuamente a la comprensión del cuerpo-mente espiritualizado y, por medio de una suerte de "contagio", su cuerpo y su mente se transforman paulatinamente. Ese "contagio" no es posible sin Karma y Bhakti Yoga. Esto se puede entender en términos modernos, como una forma de disciplina vibracional, donde el estado vibratorio, con una frecuencia más rápida del Guru, establece gradualmente la velocidad de las vibraciones del discípulo.

Para que este proceso espontáneo sea realmente efectivo, el discípulo debe cooperar conscientemente con el Guru, y esto se lleva a cabo convirtiendo al Maestro en el foco de atención. Este es el importante principio del satsanga. Esta palabra sánscrita significa en compañía del Maestro. Satsanga es el medio más importante para la realización en el Guru Yoga. Y, puesto que desde tiempos inmemoriales se ha considerado al Guru como algo esencial en la práctica del Yoga, el satsanga se encuentra en el corazón de todas las escuelas de Yoga. Sin embargo, sería incorrecto decir que todo el Yoga es Guru Yoga, ya que no todas las escuelas hacen de la atención al Maestro su práctica principal, aunque todas consideren adecuado el respeto y obediencia hacia el Maestro.

El satsanga, la convivencia con el Guru, es el medio más rápido para la evolución. El Maestro hará todo lo necesario por remover tus demonios, sacarlos a la superficie, enfrentarte con tu espejo y enseñarte a que los exorcices. No te dará de comer pero te enseñará a pescar. En la práctica verdadera, el aspirante debe moverse desde la etapa de devoto, Bhakta, a la de estudiante, Sadhaka; de estudiante a discípulo, Sannyasin y de discípulo a adepto, Grihasta; sobretodo, en las escuelas en donde el Guru Yoga es la norma. En el nivel de estudiante, el aspirante aún mantiene una comprensión y una relación exotérica con el Maestro. El estudiante se inspira con los discursos del Maestro pero no ha emprendido aún con seriedad la vida espiritual y duda en su compromiso con el proceso del Yoga; la vida ordinaria todavía ejerce una fuerte influencia. Las contradicciones y dualidades de la sumisión-obediencia-autoridad son la batalla interna diaria.

El discípulo, por contra, es más sensible a la relación esotérica con el Guru, comprendiendo que existe una unión psicoespirtual continuada con el Maestro que debe ser honrada y cultivada, no ya por obligación pues ya trascendió las dualidades de la sumisión-obediencia-autoridad sino por la comprensión del arcoiris más allá de la dualidad mundana. El adepto, finalmente, experimenta al Guru como una realidad espiritual más que como una personalidad humana y, por tanto, se inclina naturalmente a asumir una actitud devocional que actúa como un poderoso conducto entre el Guru y él mismo. El amor devocional, -prema bhakti-, es la esencia del Guru Yoga.

Existe una unión psicoespirtual continuada con el Maestro que debe ser honrada y cultivada. Este tipo de Yoga conlleva la ceremonia de adoración al Maestro o a objetos sagrados que le pertenecen, especialmente a sus sandalias, padukas, o el lavado de sus pies, como símbolo de humildad, devoción y absoluto respeto hacia el Maestro. En este sentido, las sandalias del Guru se consideran un objeto sagrado o simbólico que sustituye al Maestro y, en muchas escuelas, se tratan reverencialmente durante las ceremonias de adoración, Guru Puja.

Estas ceremonias pueden ser mentales o físicas, tanto frente al Guru mismo, como frente a una imagen suya, -murti-. Las mentales son mucho más efectivas siempre que se realicen con absoluto svadhiyaya y pranidhana. La práctica del Guru Yoga, considerada como esencial para la iniciación espiritual, se encuentra aún vigente en nuestros días. ¿Has encontrado ya a tu Guru y presentado tus respetos?