No siempre las apariencias dicen la verdad, lo normal es que engañen como ya debes saber. Los Sivaítas no somos ortodoxos en nuestras creencias, y menos aún solemos ser como la gente dice, cree o piensa. A veces algunos se escandalizan, desde su ignorancia, por no ser como a ellos les gustaría que fuéramos. ¿Y por qué debemos ser como la gente piensa o cree? ¿Donde está el respeto a la individualidad y a la libertad de consciencia? ¿Por qué, cuanto más ignorante es uno, compara con otras creencias y/o prejuicios? Vamos a clarificar algunos términos para que puedas conocer un poco más nuestro camino, pero recuerda: es nuestro camino, lo podemos compartir contigo, no necesitamos tu aprobación ni vamos a convencerte para que nos sigas. Afortunadamente no somos evangelizadores por la fuerza ni perseguidores de infieles como han hecho otras creencias en el pasado y en el presente. Como decía el Maestro Jesús: “el que quiera servirme, que me siga”, Juan 12,26.
Creemos en Dios. Pero no creemos en ningún dios monoteísta que está en los cielos y dualiza para que exista un infierno. No creemos que un dios sea mejor que otro dios, eso es para nosotros un infantilismo. No creemos en ninguna iglesia. No necesitamos intermediarios para creer y fomentar nuestra Fé. Para nosotros Dios está en todas las cosas y cada cosa tiene su espítitu o alma que es una emanación o parte de Dios. Nosotros lo llamamos Shiva pero también Tao, Alá, Ser, Amor, Todo, Nada, etc. Vemos a Shiva en todas partes, en cada una de las manifestaciones de la creación. Para nosotros Shiva es todopoderoso, omnipotente y omniscente, por tanto, si abarca todo el misterio de la creación el infierno no existe más que en la mente enferma de los hominidos que destruyen el planeta de una manera u otra.
Para nosotros la Naturaleza es algo vivo, con su espíritu, la sentimos al igual que los chamanes de todo el planeta. Vivimos en simbiosis con ella agradeciéndole en todo momento que nos cuide, nos proteja, nos proporcione agua pura, aire y alimento. No nos sentimos inferiores a ella pero menos aún superiores. Nos hace sentir mucha compasión la destrucción de Pachamama por parte de algunos homínidos. Tirarte piedras a tu propio tejado es algo muy inmaduro.
No le damos demasiada importancia al Karma sino al aquí y ahora. Tú trabajo evolutivo está en el aquí y ahora, no en el pasado. Tampoco usamos en el pasado para justificar actitudes incorrectas en el presente, eso es evadirse de la realidad. Creemos y aceptamos la ley de Ganesha que dice: “todos tenemos lo que merecemos”. Por eso tenemos los políticos que tenemos, si fuéramos más evolucionados ellos también lo serían. La política es un absurdo, una trivialidad innecesaria para los que saben vivir la vida sin miedo, sin dogmas ni prejuicios, en el aquí y ahora. Enchufar la tv para ver a los politícos, los reality shows, los experimentos de “antropología social” tipo gran hermano, los culebrones, etc. es para nosotros como regresar a la época de los cromagnones.
No creemos en la dualidad, creemos que formamos parte de un todo entretejido. Por tanto, tú evolución condiciona la evolución de los que te rodean. Igualmente el maltrato hacia ti mismo atrae gente que pueda maltratarte. No creemos en ningún salvador que venga a librarnos de nuestros pecados. Creemos que nadie está libre de pecado, por tanto, nadie debería juzgar a nadie pues es tu obligación evolucionar y callar.
Nuestro ego es quien dualiza, nuestro ego es el que siente amor-odio, alegría-tristeza, mal-bien, yin-yang. Meditamos para obtener la liberación y conocimiento de la Verdad, el matrimonio cósmico de los pares de opuestos. Sin rechazar ni reprimir nada. Llegamos a la alegría integrando la tristeza, no reprimiéndola o rechazándola, por ejemplo. Shiva al ser omnipresente no puede dualizar, no puede diferenciar entre bien y mal. Nuestro ego egoísta, ególatra y egocéntrico sí puede, es como el ratón que Ganesha tiene a sus pies comiendo las migas de la ambrosía.
Todo está divinamente orquestado por Shiva, no podemos juzgar con nuestra soberbia ignorancia, con nuestro alterego salvador y justiciero, qué es lo que está bien o mal pues percibimos sólo una ínfima parte de la Verdad. Debemos, por mucho que nos cueste, aceptar nuestra ignorancia, crecer y ser compasivos con nuestros semejantes. No sabemos nada del ser humano, no sabemos nada de su pasado, no sabemos porqué nació con alguna enfermedad o con algo que nuestro ego califica de injusto. Pero en cambio si es tu obligación ser compasivo y colaborar, desde tu corazón, para aportar un granito de felicidad a ese ser.
Creemos firmemente que quien vive en paz consigo mismo no puede provocar ningún daño a ser alguno de este Universo. En cambio, creemos que la gente que no tiene paz en su corazón, que no tiene amor, que tiene miedo, es gente peligrosa y destructiva. No es necesario racionalizar, ni tener un dogma ni una ética o moral para saber qué está bien y qué está mal. La dualidad desaparece en el instante que uno está en comunión consigo mismo.
Lo que es legal no se corresponde con lo que es ético. Somos por eso asociales aunque no antisociales ni antisistema. Simplemente vivimos en el mundo pero no formamos parte de él.
Somos vegetarianos porque es el resultado de nuestra meditación diaria. Aunque somos lo suficiente ecuánimes para comer carne en algún momento sin que por ello nos sintamos intoxicados. Creemos que existen más vegetarianos violentos que carnívoros, como decía Gandhi. Estamos convencidos de que aquellos que llegan al vegetarianismo por un dogma, racionalización o aversión a la carne es gente peligrosa e hipócrita. No nos engañamos con tonterías y autosugestiones infantiles: “no como cadáveres”, “no como nada que tenga ojos”. No son menos espirituales los tibetanos por comer carne de yack, en un país donde es muy difícil que crezcan las frutas y verduras debido a los inviernos tan largos y duros. Ni tampoco se es más espiritual por comer una naranja orgánica de la marca “tal” y comprada en un lugar muy “pijo, glamuroso o con abolengo”.
Sobre el alcohol solemos decir lo mismo que con el vegetarianismo. No solemos tomar alcohol pero en cambio sí somos conscientes que un poco de vino o un vaso de cerveza de calidad es muy bueno para la salud. No creemos que uno es menos espiritual por tomar un poco de alcohol.
Nunca consumimos drogas, menos aún las que son legales: azúcar o tabaco. Éstas son las más perjudiciales, las que mayor negocio mueven al ser muy adictivas. No consumimos nada que haya sido adulterado o manipulado por la mano del hombre, como la heroína, la cocaína o la marihuana que para nosotros dejó de ser sagrada pues es transgénica en la actualidad.
Somos devotos pero para nosotros la devoción es algo privado. Que debe realizarse en soledad y silencio. Que no necesita la aprobación de nadie. Cuando es íntimo, sagrado y surge de lo más profundo del corazón, es verdadera.
Como todo chamán realizamos ceremonias con plantas sagradas. Creemos que son las únicas medicinas del alma; los antipsicóticos y todas las drogas que venden en las farmacias, recetadas por psiquiatras, son inútiles para sanar enfermedades mentales. Siempre cortamos la planta con respeto, humildad, devoción y amor. Siempre pidiendo permiso a la planta interiormente, desde el corazón. Plantas sagradas como ayahuasca, peyote, hongos, etc. son una gran ayuda en la evolución de cada uno de nosotros, pero sólo son una herramienta más de las muchas que tenemos. Para nosotros lo ideal es consumirlas en el mismo lugar que se cortaron pero podemos consumirlas en cualquier otra parte pues Shiva es omnipresente.
El sexo es también algo sagrado. No es algo pecaminoso, sucio o antiespiritual. Creemos que quien tiene estos pensamientos es alguien que está muy perdido y con un gran infierno en su interior. Creemos en el amor libre pero no en el sexo libre. No somos célibes pero tampoco promiscuos. Damos mucha importancia a la energía, a la que llamamos Shakti, y tratamos de no disiparla, perderla o malgastarla. El parloteo mental desperdicia mucha más Shakti que el sexo. La meditación diaria nos ayuda a encontrar el silencio interior, ese estado mental de ecuanimidad, de paz, de sosiego y serenidad que los antiguos griegos llamaban epojé.
No bautizamos a ningún bebé por la fuerza o porque sea tradicional. Jesús no fue bautizado hasta los 30 años, cuando tenía uso de razón y era consciente. Tampoco creemos en la institución del matrimonio, menos aún cuando se te obliga a estar con alguien a quien ya no deseas ni amas. Con el que vas a estar peleándote el resto de tus vidas por no haberte divorciado a tiempo, con consciencia y amor. No nos interesan las apariencias, las dobles vidas ni la doble moral. Eso lo dejamos a los recalcitrantes puritanos seguidores de dogmas y apariencias.
Pero lo más importante es que somos disciplinados aunque no rígidos en nuestras creencias. La persecución de infieles, la intolerancia, el integrismo, etc., son otras formas de manifestarse el infantilismo. La vida es, en realidad, un sueño como decía Calderón de la Barca o el sueño de Shiva, como dicen nuestras escrituras. Por eso no nos tomamos la vida con demasiada seriedad, es un juego con el que disfrutamos, aprendemos, evolucionamos. Lo importante no es lo que haces, no es importante que seas ingeniero o ama de casa, lo importante es la actitud consciente en cada una de tus acciones.